Confundido por la voz

El humilde niño duerme en medio del templo y es llamado por Dios. Este, confunde la voz de Dios con la de su mentor. Sin embargo, entiende que ante el llamado no queda más que la inocente obediencia y la disposición constante. Hay quienes confunden la voz de Dios con la voz de sus líderes religiosos, por eso cuando sentimos la voz de nuestro llamado acudimos con urgencia a la «voz» de estos, pero el relato nos deja claro que la voz de Dios no se limita y que posiblemente en muchas ocasiones no tiene nada que ver con la voz de Elí, el sacerdote. Si, quizás hemos cometido el error de confundir la voz de Dios con la voz de nuestros líderes, nuestros iguales, sacerdotes ante Dios.

Ahora, en medio de toda la confusión de Elí, entendía que él no llamaba a Samuel, Elí terminó comprendiendo que era Dios quien llamaba al niño. Es un desafío para los líderes hoy reconocer que es Dios, pero ojo, no somos nosotros quienes determinamos si es Dios o no, solo reconocemos que posiblemente es Dios y si, nos hacemos a un lado. Hay líderes que deben hacerse a un lado porque Dios llama, deben aprender a reconocer cuando estimar y cuando apreciar que es Dios quien llama para una misión a sus samueles.

Sería una lástima sospechar que puede ser Dios quien esté dispuesto a capacitar a algunos y pues no, nos dé la gana de dejar a Dios ser Dios, porque nos da coraje abandonar el poder que ejercemos, lastimosamente, en otros/as.

Adolfo Cespedes M.

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