Dios está ‘orgulloso’ de la pluralidad.

No, Dios no está de acuerdo con la uniformidad, que no es lo mismo que la unidad, principio importante del Cristianismo, ya que la primera te dice que debemos pensar igual sin importar nuestras diferencias, pero la unidad te dice que eres bienvenido a pesar de que pienses y seas diferente.

Dios es un Dios de pluralidad: sino, cómo explicar el sentido de un arcoiris como pacto o promesa de que nunca más se buscaría exterminar a los otros(as), que sería un nuevo comienzo y que en ese nuevo comienzo nunca más habría destrucción para quienes son diferentes, para quienes no son tan justos como Noé y su familia. Desde mi perspectiva, un arcoiris era una forma de aceptar que el mundo está lleno de diferentes colores, que no se puede discriminar, matar o destruir al otro(a) por más coraje que se sienta.
Si, Dios es un Dios diverso y plural, a tal punto que estoy seguro que quienes entretejieron el texto de la torre de Babel fallaron en ver la dispersión de lenguas como un castigo en vez de una oportunidad. La dispersión fue la estrategia de Dios, posiblemente, para sobresaltar la riqueza de la pluralidad. Allí nos consta que Dios estaba por el pluralismo, por la diversidad y no por la uniformidad con el fin de ser, pensar o decidir por Dios mismo, tal cual el proyecto de Babel. Curioso que hayan iglesias babelisticas, uniformadas para ocupar el lugar de Dios.
Nada más al mirar el texto de hechos 2 y ver los discípulos hablando las diferentes lenguas comprensibles a los extranjeros. Dios es tan diverso y plural que el mensaje de la buena noticia de la resurrección de Jesús no quedaría solo entre los judíos, sino que todos (as) lo recibirían sin importar sus culturas, su ideas, sus estilos de vida o sus creencias, todos(as) en sus lenguas serían parte del movimiento de Jesús. Esto nos dice, que no nos hace hermanos lo que tengamos en común, sino nuestras diferencias. El Pentecostés nos dijo que es posible comunicarnos superando las barreras diferenciales en gustos, creencias y estilos de vida.
Hoy,  yo siendo hombre y no mujer, hetero y no lgtbi, el mayor de los hermanos y no el menor de ellos, cristiano y no musulmán u otra religión, es decir, desde el lamentable puesto de privilegio que me ha dado el mundo, apuesto por un mundo en el que ser intolerante no siga siendo objeto de orgullo​. Que la religión y la política dejen de lado el discurso unívoco de incomprensión a lo diferente.
Adolfo Céspedes

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