El extraño discípulo

“Entonces respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos visto a uno que echaba fuera demonios en tu nombre; y se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros. Jesús le dijo: No se lo prohibáis; porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.” Lucas 9:49-50

Sus discípulos orgullosos sienten la necesidad de contarle a su maestro una hazaña, habían descubierto a alguien liberando o exorcizando a otra persona en el nombre de Jesús, según cuenta, no le permitieron seguir haciéndolo, dice el texto que le estorbaron, si, así mismo le dijeron a Jesús, que se lo habían impedido porque según no era parte de ellos. En los tres textos evangélicos dice exactamente de esa forma: se lo impidieron, lo estorbaron.

Aquellos discípulos se lo contaron a Jesús sintiéndose héroes. Creían que Jesús los felicitaría por tremendo acto: impedir o estorbar a quienes quieren hacer y pretender ser como nosotros sin ser de nosotros. Frente a la actitud de Jesús me doy cuenta que hay quienes pretenden y se sienten en la obligación de ir por la vida defendiendo el nombre de Dios más de lo que él lo defendería, son quienes curiosamente hablan desde los otros polos y marcan diferencias con los demás diciendo que está mal y que se debería corregir, unos le llaman apologetas, se sienten grandiosos frente al título, pues se consideran grandemente importantes por señalar a otros de ser apóstatas, son capaces de enfocar su cristianismo en llamar o señalar de herejes por el simple hecho de que no andan con ellos ni son como ellos.

Es posible que sea ese el error que nota Jesús en los discípulos y, algo nos dice que lo señalaría hoy igualmente, hacernos creer que posiblemente son dueños de la verdad, que su mayor habilidad es “defender” la fe y considerarse unívocos al amor y la gracia de Dios, pero, sobre todo, creerse con tal autoridad por tener poder.  

Sin embargo, asombra la respuesta de Jesús frente a los diferentes, frente a los que usan su nombre y parece que no andan con «sus discípulos»: no, no se lo prohíban, porque, aunque sea diferente, aunque no ande con nosotros, él suma. Jesús no lo ve como un adversario, como una competencia, no lo ve como un hereje, no lo señala porque hace algo que es exclusivo de su movimiento, todo lo contrario, celebra que haya alguien que, aunque no pertenezca a sus «llamados», no esté dentro de su selecto grupo, no fue encomendado o ungido por el mismísimo Jesús lo que hace contribuye y no resta.

Jesús no lo ve como un adversario, como una competencia, no lo ve como un hereje, no lo señala porque hace algo que es exclusivo de su movimiento, todo lo contrario, celebra que haya alguien que, aunque no pertenezca a sus «llamados», no esté dentro de su selecto grupo, no fue encomendado o ungido por el mismísimo Jesús lo que hace contribuye y no resta.

No obstante, sus discípulos aún no entienden, Jesús les trae un niño y les dice que si quieren ser primeros o grandes deben ser pequeños y considerados últimos como los niños eran considerados en su tiempo. Un niño en tiempos de Jesús dentro de la escala social y política ni siquiera era contado, por lo mismo, era tenido como inferior en comparación a los demás, era parte de la escala o jerarquía social como alguien por debajo de los demás. Jesús nos invita a ser como niños para ser parte de su reino, las palabras sobran.

Jesús les dice que no rechacen a nadie y ellos insisten en derramar fuego y si, así nos la pasamos, Jesús diciéndonos que debemos amar, aceptar y acoger, pero nosotros o algunos más nos la pasamos rechazando, señalando, etiquetando y prohibiendo porque según nosotros a quienes llamamos herejes o apóstatas por no creer en Jesús como nosotros creemos o pertenecer al grupo selecto que nosotros pertenecemos.

Sigamos el mensaje de Jesús: acojamos a los ‘extraños’ discípulos y dejemos de estorbarles en su misión.

1 comentario en «El extraño discípulo»

  1. Excelente exposición de ése otro discípulo.
    Es fácil condenar y descalificar a los otros.
    Jesús nos sorprende a cada momento con sus amor inclusivo.

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