El pecado de los Once discípulos luego de la Resurrección

Jesús, cuando resucitó – nos dice él Evangelio de Marcos – que se le apareció a María Magdalena (una mujer) primeramente, y cuando ella les dijo que lo había visto y estaba vivo, no le creyeron. Luego, cuando se les apareció a dos discípulos (que no eran de los doce principales, los conocidos) que iban a una finca, pero en una figura diferente, estos lograron comprender que era el maestro y lo anunciaron, pero los once, tampoco les creyeron. Tuvo Jesús que aparecerse personal y directamente con ellos para demandarles dos cosas: la incredulidad y la obstinación.

Eso ocurre muchas veces en la iglesia. Nos consume la falta de confianza en alguien que no sea de nosotros, dudamos de la fe y el testimonio de quienes creemos que no debería anunciar la vida de Jesús, creemos que Jesús no debería hablar o aparecerse a alguien de dudosa reputación, es más, los satanizamos (Marcos 16). Nos es difícil considerar que Jesús se deba mostrar a otros antes que a mi o antes que a nuestra iglesia. ¿pero saben que es lo peor? La obstinación, mantenerse en una posición de fría incredulidad a quienes Dios posiblemente habla, sólo porque hemos creído conocer a Jesús mejor que los otros.

En fin, el desafío sigue siendo nuestro de cara a la resurrección, pretender que solo nosotros merecemos su aparición, solo nosotros merecemos el mensaje del evangelio y rechazar la fe de otros(as) por el simple hecho que no se me ha aparecido a mí. Dejemos que el espíritu de la resurrección nos sorprenda y nos desvele nuestros pecados de incredulidad y obstinación.

Adolfo Cespedes M.

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