Escritos de Melancolía al Pre-grado.

Nadie me ha preguntado el porque cada cosa que logro es para mi realmente significativo, es que pocos, diría casi nadie, ha vivido conmigo la tristeza de escuchar un «no hay», un «no podemos», aún cuando deseaba con todas mis fuerzas poder cumplir mis sueños. Las palabras son golpes silenciosos que marcan al ser humano por ser echadas al vacío, y yo escuche muchas que me desconsolaron, desanimaron y desesperanzaron. Recuerdo que lo único que tenía en mi bolsillo hace seis años y medio eran 30 mil pesos (colombianos), rebuscados por haber hecho unos mandados debido al desocupado tiempo que tenía, me acuerdo que fui a pie, que mi calzado estaba desgastado y que ni para una bolsa de agua tenía, como olvidar que esos pesos eran mi entrada a la Universidad y que en aquel entonces no había las posibilidades como las habido desde hace tres o cuatros años para muchos adolescentes.

Estuve entre la imposibilidad y la fantasiosa fe de creer estudiar en las mejores universidades, carreras que me asegurarían un futuro prometedor, en cambio, nunca tuve para ninguna, ni siquiera tenia para la que me había apostado. Sin embargo, no olvido que mientras muchas me cerraron las puertas porque no podía costear las ganas inmensas de tener el conocimiento, la Unireformada me decía bienvenido. Allí inicié y solidariamente me abrazaron, trato que nunca olvidaré. Tampoco olvido cuando tocaba venir a pie porque el producido de mi padre en ese tiempo no ayudaba para yo costear buses, mucho menos para pagar universidad, algunas veces me daba y podía estar bien, como otras veces mis compañeros sacaban sus copias para leer y ni para eso había. Los primeros dos semestres fueron duros y avergozantes, literalmente no había, casi me rindo, casi me caigo ante la imposibilidad, allí llegaron las voces de la religión y de quienes supieron de mi situación en silencio: «la teología mata tu espíritu», «vas a volverte loco», «esa carrera no te va ayudar a salir de la pobreza» «trabaja, no tienes ni para comer»; imagínese un momento todo ese ruido y mi situación económica en mi cabeza, dígame si usted no fuera renunciado, si usted no se fuera detenido primero a ver su realidad y fuera olvidado sus sueños de estudiar una de las carreras más complejas pero apasionantes para aprender. Yo no renuncié, yo no dije hasta aquí, yo tuve la osadía de ofrecerme en cualquier labor dentro de la universidad que pudiera asegurarme un porcentaje a mis sueños. Si, ahora me tocaba limpiar, sacudir, organizar y servir a los libros para lograr lo que quería, mientras mis compañeros llegaban a la hora de la clase, yo tenía que llegar muchas horas antes y algunas veces ser el último en irme, y en ese reino de autores/as navegue hacia lo que deseaba en porcentajes para cubrir mis estudios. Si alguien quiere dar cátedras de esfuerzos por una meta, podría darles un pequeño cursillo, pues no era fácil la responsabilidad de tener buenas notas, lidiar con libros que amé y a la vez cumplir con mis asignaciones en cada materia. Hasta que si, cumplí con tener el 100% becado de mi carrera, debido a las ganas de, a mis trasnochos constantes estudiando  idiomas arcaicos y muertos en nuestra era, como lo es el hebreo y el griego, a la misericordia de algunos y el esfuerzo que la vida me pedía.
Agradezco a Dios, porqué en el camino lo estudie y lo quise comprender, lo cuestione y siempre me escuchó, me enoje con él y siempre estuvo allí, agradezco a quienes no creyeron que lo lograría, pero sobre todo a quienes me extendieron la mano, aún financieramente, a quienes me pidieron una consulta en sus ensayos para costearme mis pasajes, leyeron mis escritos o les dí clases de teología, ética o filosofía, pues siempre fueron motivación para todo, fueron el coraje para inscribirse en los exámenes de los docentes de estado y quedar, fueron las fuerzas para ir a muchas entrevistas de trabajo y caer gracia.
Lo sé, no soy millonario, ni tampoco lo he logrado todo, si, así es, pero debo detenerme a pensar y reflexionar sobre lo obtenido hasta aquí, para agradecer, así respirar hondo y seguir. No pretendo ser el mejor en lo que hago, solo dar lo mejor para quienes lo hago, para quienes me rodean, mis prójimos, para quienes no y quienes si me han tratado como a su igual, porqué así lo haría Jesús, de eso se trata todo esto, saber ser, hacer y conocer a Dios.
Adolfo Céspedes
Teólogo

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