Ganarle a Dios

Génesis 32: 22- 30
Vine a contarles la historia de Jacob, una historia llena de altibajos, de circunstancias difíciles: irse de la casa de su padre huyendo, ser señalado y perseguido por su hermano, tener que ser estafado y humillado por su suegro, algunos de esos momentos sucedieron a causa de su toma de decisiones, que no fueron muy acertadas; sin embargo, tuvo unos que otros momentos buenos, pero al costo de una lucha constante, de muchos sacrificios personales y mucha, pero mucha astucia.
Aún así, fue un hombre que pasó su vida persiguiendo una «bendición de Dios», quiso comprarla con un estofado de lentejas, se disfrazó como su hermano para engañar a su padre y hasta utilizó ciertas estrategias con tal de aprovecharse de las ovejas que su suegro le había dado, pero con una actitud de estafa intencional; pese a esto, poco a poco fue creando su propia bendición, su propio nombre en el inmenso número de clanes existentes. Este Jacob, se la pasó luchando y persiguiendo lo único que podía conseguir tomando mejores decisiones, sin embargo, Jacob sentía que nada estaba a su favor y por eso su lucha constante con la vida misma. 
Ahora, el texto que leemos nos lleva al momento más importante que pudo haberle pasado en la historia de su vida; se encuentra con una persona desconocida, este ser extraño se coloca en medio de su encuentro con su hermano, hermano a quien Jacob teme, debido a todo el mal que pudo causarle en su momento. No sabemos que pudo haber pensado Jacob, pero estoy seguro que Jacob no sabía quién era, por eso pregunta su nombre, quizás pudo haber creído que se trataba de alguien que había mandado su hermano para matarle; aún así Jacob se mantiene en una lucha cuerpo a cuerpo, dándolo todo, a prueba de todo, sabiendo que su vida estaba determinada en ese instante; pero un momento, esta persona tiene demasiada fuerza y aún así no puede vencerlo, este debe ser alguien divino, por eso Jacob ya no estaba luchando solo por su vida, ahora estaba luchando con todo lo que tenía por lo que ha venido persiguiendo durante toda su vida, su bendición. 
Este adversario lucha de noche es para no ser reconocido, y es precisamente porque no quiere que Jacob sepa con quién lucha, por eso necesita irse y su premura es para mantener su identidad en secreto, debe irse antes de que amanezca, pues la luz delata su rostro, en ese entonces, según las tradiciones orales, había una seguridad: «nadie ha podido ver el rostro de Dios y vivir para contarlo», así que literalmente Jacob estaba luchando a muerte, no era alguien de parte de su hermano, según el relato, era Dios mismo, que quiere irse pues quería preservar la vida de Jacob, pero este estaba dispuesto a una lucha a prueba de todo, aunque le costase su vida misma, con tal de recibir la bendición misma del Dios de sus padres. Jacob se mantendría en lucha y enfrentamiento con Dios hasta que este le bendijera; era la primera vez que no tenía que engañar o embaucar a nadie para conseguir lo que deseaba, esta vez lo haría enfrentando su realidad, enfrentando a Dios mismo, desnudandose ante Dios y mostrándose tal cual es, aunque eso le tuviera que costar hasta su propia vida, todo para que por lo menos una vez en la vida le fuera bien.
Este relato escrito por legendarias comunidades para hablar de la importancia de sus comienzos como pueblo, me parece que quiere resaltar su historia misma a través de la lucha consigo y hasta con Dios mismo, queriendo engañar a Dios o queriéndose engañar a sí mismo, pero lo que no podemos ignorar es la lucha constante que les ha tocado padecer para ser nación, para ser bendecidos, para lograr lo que hasta en ese momento, escribiendo aquello, habían logrado. De verdad que, es increíble como este momento tomó un giro para bien de Jacob, este hombre que ahora estaba cansado y arrepentido de haber hecho todo lo que hizo, se mantenía de pie, porque sabía que esa lucha iba a ser importante en su vida, por eso ahora que siente que está venciendo, no suelta al personaje hasta que este lo bendiga; este extraño viéndose perder, lo desencaja no para vencer sobre Jacob, era solo para irse, pero a pesar de eso, aún a pesar de eso, Jacob se mantuvo, Jacob estaba ahí, perseverando, manteniéndose en pie de lucha. Su prestigio de luchador lo mantenía y este personaje admiraba aquello. 
Rendirse no era una opción, no era factible ceder ante quien estaba ahí frente a este tratando de huir, Jacob había pasado toda su vida luchando, se había caracterizado por vivir una vida difícil, lleno de tantos desaciertos, enfrentando su propia codicia, sus propias ganas de salir adelante y cumplir la promesa de Dios dada a sus padres, y esta vez tenia una oportunidad, por eso luchó, y si amigos, había salido vencedor, era el ganador, le ganó a Dios; ahora, ganarle a Dios pareciera entenderse como que había derrotado a Dios, pero no compañeros, lo que de verdad significaba vencer, es que le había tocado soportar duros procesos, duras pruebas y en todas había permanecido, en todas había ganado, en todas había perseverado hasta el final. 
Ha sido duro para Jacob, cada uno de nosotros lo entiende, porque cada uno de nosotros posiblemente es Jacob, hemos vivido cientos de desaciertos, tantos desafíos, la lucha diaria por la vida ha sido un ganar y perder diario; tantos esfuerzos y sacrificios, para luchar con nosotros mismos y aplacar nuestras debilidades, pero fue la debilidad misma la que llevó a Jacob a ir en un encuentro suicida, ir a un encuentro determinante en el que reconoció que tenia todo que perder y estaba cansado de luchar, de tratar de vencer. Algunos nos hemos cansado de seguir luchando contra la vida misma o hasta con la visión de Dios que tenemos, una idea de un Dios que viven probándonos, a ver si nos encuentra idóneos, a ver si es posible madurar en el camino, pero sometidos a tanto dolor. 
Asi que sí, necesitamos ir a peniel a ganarle a esa imagen de Dios, derrotar, como a Jacob, a ese modelo de Dios, a ver si esta vez ganamos de una vez por todas y nos desvinculamos del viejo ídolo de nuestros viejos cristianismos: EL SUFRIMIENTO. No se a cuantos les ha costado este cristianismo, pero cansa seguir martirizandonos y exponiendo nuestras vidas y familia a una idea de los primeros tres siglos de la iglesia, donde sufrir era un privilegio. Cansa, estamos agotados de este cristianismo que no se renueva y algunos, solo algunos, estamos dispuestos a luchar por una última vez, pese a nuestra incapacidad, dolor, ansiedad y profunda tristeza que nos ha dejado el camino.  
Quisieramos tener la oportunidad de afrontar nuestras malas o buenas decisiones; necesitamos ir a peniel para de una vez por todas dejar de dividir nuestro mundo en sagrado y profano, para asumir, como adultos en la fe, nuestras decisiones cotidianas, nuestra espiritualidad y nuestra vida misma, porque si eso no es parte de la libertad del Cristiano, nada lo es. 
Curiosamente, las experiencias de vida habían forjado a Jacob, habían fortalecido al Jacob que parecía cansarse, lo habían sometido a vivir a prueba de todo, y fue su perseverancia, el mantenerse a pesar de, lo que lo hicieron un vencedor, fue eso lo que había impresionado al extraño sujeto, lo que había motivado a este a cambiar su nombre y con ello bendecirlo, pues a pesar de lo duro de la vida, se había mantenido, así que este personaje premiará su PERSEVERANCIA, su manera de mantenerse a pesar de su crisis de fe, de ansiedades, depresión, tristezas y estrés en la cotidianidad. 
A Jacob le había tocado pasar por señalamientos, persecuciones, fraudes, huidas y tanto miedo al futuro, pero este momento de su vida era importante, enfrentarse al Dios de sus padres, enfrentarse a sí mismo y su mala forma de relacionarse con su familia, hermanos, suegro y parejas; ganarle a Dios y ganarse a si mismo era la clave, necesitamos vencer esta idea de Dios que nos han mantenido sufriendo y padeciendo, luchando diariamente y alejados de desarrollar nuestra capacidad de decisiones, de madurar, lo que nos ha mantenido en una lucha constante con la vida y hasta con quienes nos rodean con tal de conseguir lo que deseamos. 
Jacob fue cambiado porque cuando debió renunciar se mantuvo, porque cuando ya debió hacerse a un lado, ahí estuvo firme, persiguiendo lo que desde un primer momento lo mantuvo esperanzado, no le importó ni siquiera poder perder la vida al ver su rostro, no le importó quedarse cojo, por eso y solo por eso, Dios se dio cuenta que Jacob había  madurado, este, ya no era Jacob, había luchado mucho y había salido vencedor, Jacob no había cambiado ni había sido bendecido luego de la lucha, el Jacob que se había encontrado con este sujeto extraño ya no era el mismo, habia ido Israel, el que lucha y gana. 
Adolfo Cespedes M.

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