La iglesia que no ama: presume tener, entender y conocer a Dios.

«Y si tuviese profecía y entendiese todos los misterios y toda ciencia… y no tengo amor, nada soy»
Pablo ve dos problemas en la iglesia corintia, uno que se generaba al interior y otro que provenia del exterior de ella: en primer lugar, el carismatismo que había enceguecido a sus seguidores, la efervescencia de los dones del espíritu, sobre todo el de profecía que llevaban a sus seguidores a sentirse superiores porque podían ‘comunicarse’ con Dios o porque tenían el mensaje directamente de Dios, pero codificado en lenguas y que solo los ‘espirituales’ podían entender, dejando de lado a las personas que visitaban por primera vez la comunidad y no podían entender todo ese «desorden» -tal y como se refirió Pablo a lo que ocurría al interior de la iglesia de corinto- en el culto a Dios, pues las lenguas y la profecía acaparaba todo el servicio de manera desproporcionada.
En segundo lugar, el gnosticismo y los cultos mistéricos, que posiblemente en todo ese territorio Greco romano influenciaban con sus ideas, la iglesia cristiana muchas veces debido a posturas doctrinales fue un escenario para la discusión filosófica y la ciencia, estas florecieron en la comunidad por esa atracción por lo espiritual y por dar razón de algunas creencias que eran esenciales como la encarnación y la resurrección. La iglesia corintia estaba siendo seducida por el movimiento gnóstico, que apenas entraba en su esplendor, Pablo lo veía como un peligro, pero luego, vemos a sus discípulos escribiendo a su nombre y comulgando con «la ciencia» (el conocimiento de si mismo).
El desafío de la iglesia de corinto parece ser el desafío de la iglesia de hoy; como el tiempo es cíclico, volvemos a esos problemas que fueron y aún hoy son comunes de la iglesia: la presunción de creer que porque tenemos dones activos, conocemos nuestra doctrina y la defendemos sabemos todo sobre Dios, que porque hablamos muchas lenguas, profetizamos y creemos  ‘conocer’ los secretos de Dios, entonces nos creemos mejores cristianos.
Todo ese contexto, nos ha hecho darnos cuenta que algunas veces la iglesia cae en el error de creer que a Dios se le puede poseer, juzgan a las personas por quienes tienen o no a Dios, como si de verdad pudiese unos ‘tenerlo’ y otros no. No pretenden acercar la gente a Dios, lo presumen como juguete nuevo; viven orgullosos de su fe y la creen única por sobre otras, a veces pareciera que buscan causar envidia por poder hablar, conocer y entender al «Dios» que adoran. Oran muchas veces, casi todo el tiempo, en todo momento están en ayuno, vigilia e iglesia con tal de buscar la «voluntad de Dios»; algunas veces se retiran a lugares apartados, van a muchos congresos y pagan para aprender sobre Dios y, aunque no creemos que lo que hacen es malo, hay un grupo que lo hace con el fin de mostrar que Dios está más cerca a ellos que de otros, que conocen mejor a Dios que tantos, creer y hacer creer que Dios les ha preferido a ellos antes que a otros.
Las Iglesias, particularmente algunas comunidades, buscan señales de Dios, que Dios les hable, que les dé signos que llaman: profeticos, viven hablando de los mensajes que les vaticinan sus destinos, casi todos son profetas y creen que cualquier cosa que hable del futuro es profético. Sin embargo, es muy evidente que no quieren mostrar a Dios en su corazón, quieren mostrar el amuleto mágico que llaman dios, su bola de cristal. Pues su Dios profético es capaz de adivinar el futuro, pero no de denunciar los males políticos de su presente -como los profetas de la Biblia hebrea- y que algunas de estas Iglesias apoyan.
Por eso, la iglesia que no ama, presume que tiene, entiende y conoce a Dios, porque vive en una constante competencia, posiblemente inconsciente, con otras personas sobre su espiritualidad. En algunas ocasiones es notable que quieren someter a Dios a sus egoístas caprichos, le dan órdenes de que hacer y le exigen, con pataletas incluidas, por sus «bendiciones»; según, no hay mayor privilegio para alguien que es Cristiano que sentirse «hijos del rey» y tener un padre que le hable o que le dé las cosas que le piden.  Es lamentable que la imagen de ese Dios sea de un viejo gruñón y materialista que está dispuesto a comprar afecto, por lo menos esa es la idea que se termina percibiendo de sus estrictas doctrinas o imagen que le imponen a Dios.
Son cazaprofecias, van de Iglesias en Iglesias, de profetas en profetas buscando «la palabra de Dios» y solo aceptan esas que hablan de casa, carro y beca. Viven en una constante expectación de su futuro, en un afán por conocer lo que Dios dice, pues se viven la vida entre declaraciones y decretos. En algunas predicaciones dicen andar revelando o escuchando códigos bíblicos que posiblemente son obviedades o no tienen nada que ver con el texto en sí, pues colocan sus opiniones por encima del contexto bíblico y casi siempre están relacionadas con dinero. Alardean de sus complejos conocimientos doctrinales y olvidan la sencillez del mensaje de Jesús: ama a tu prójimo como a ti mismo.
Pero saben cuál es el mayor problema, creen que Dios solo habla a través de ellos o solo les habla a ellos, dudan de que otros puedan comunicarse con Dios, pues su relación toxica con Dios los lleva a creer que poseen a Dios, que Dios no puede hablarle a otras personas, que Dios no se puede relacionar con otras personas que no sean ellos, y se relacionan con los demás como si vivieran en una cápsula anti-mundanos irrompible, que los aleja de seres inferiores excluidos de esa imagen que dicen que es Dios; si, ellos dicen conocer a Dios: afirman que Dios habita en lo más santo, cierto, pero olvidan que también con el quebrantado y humillado. No se relacionan con nadie que no esté a su nivel de relación con Dios para no ser contaminados o bajar de nivel espiritual, pues su misma competencia los ha llevado a vivir una espiritualidad por mundos o niveles que superar, al estilo de video juegos de adolescentes, pues sienten que al bajar de nivel, Dios se aleja de ellos, así de superficial y vulnerable es su espiritualidad.
No creo que haya algo malo en contar que ahora tenemos a Dios en nuestros corazones y sentirnos mejor ante el cambio, pero si esta mal sentirnos mejor que otros por creer tenerlo, sentirse más cerca a Dios o creer que se conoce mejor a Dios que las otras personas solo por tener mejores ejercicios espirituales como la oración y el ayuno; estar seguro de su compañía por el simple hecho de ‘pensar’ que los demás son ignorantes sobre Dios, solo porque no han tenido las mismas oportunidades para leer, escuchar o tener títulos teológicos que colgar en la pared. Si amigos, el amor es incompatible con personas que creen que entienden mejor las cosas que los demás y que los demás son incapaces de comprender, sentir y pensar a Dios mejor que ellos.
A todo esto, ser ‘teólogo’ debería ir más allá de demostraciones sobre quién sabe más o quién sabe menos, más allá de nuestras exégesis o hermenéuticas, de verdad importantes, sobre la lectura de algunos textos bíblicos, la práctica de estas en la cotidianidad es la que marca la pauta sobre nuestro quehacer teológico, el ‘balcón’ reflexivo se hace necesario, pero el ‘camino’ habla mucho más de nuestra teología que nuestras oficinas repletas de libros y papers por escribir. El amor es una demostración que solo lo sentirán aquellos colectivos cuando vayamos con ellos y luchemos a su lado por justicia por sus derechos.
Permítenos decirte, no importa cuántas doctrinas tengas y que tan verdaderas creas que son, si ellas no terminan en hacer sentir a los demás amados, nada son. Hemos llenado a Dios de todos nuestros conceptos y algunos están repletos de nuestros prejuicios y ambiciones, así cosificamos a Dios. Cosificar a Dios es posiblemente una forma de cosificar al otro(a), creyendo que si Dios es utilizado para alcanzar poder, prestigios y posición, lo mismo se hará con quienes nos rodean. Cosificamos a Dios cuando aseguramos que lo conocemos a él más que a él mismo. La iglesia de corinto se jactaban de su conocimiento espiritual al mismo tiempo que trataban mal a otros cristianos, quizás menos maduros, y los ponían en peligro de reproducir un comportamiento presuntuoso, mostrar algo que en realidad no era con fines utilitarios hacia el poder o la posición. Que no nos encontremos nosotros haciendo uso plenamente de nuestros dones aunque ellos olviden y pasen hasta por encima de nuestros hermanos haciéndoles daño, pues aunque seamos los mejores en nuestros dones, en realidad, nada seriamos.

2 comentarios en «La iglesia que no ama: presume tener, entender y conocer a Dios.»

  1. Mil disculpas Hernán, el texto base del artículo de opinión es 1ra Corintios 13:1-4. Desde allí se estudia el contexto en el que se escribe y el resto es una crítica constructiva muy personal que no necesita versículos biblicos para ser constatados, con mirar la realidad es suficiente. Saludos.

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