Una iglesia que no ama… Habla mucho, pero se comunica poco.



Una iglesia que no ama…
Habla mucho, pero se comunica poco.
«Si yo hablase lenguas humanas y angélicas Y NO TENGO AMOR, vengo a ser como metal que resuena o címbalo que retiñe.»
1 Corintios 13:1a
Al parecer la diversidad de dones dio ocasión a celos y divisiones, y es para sobreponerse a tales tensiones que Pablo insiste en que el principal de todos los dones es el amor. El problema no va a radicar en tener dones, sino en ser selectos a la hora de dar importancia a estos, pues llegaron a creer que unos eran mejores que los otros, así la iglesia terminó por descalificar a las personas que no tenían estos dones importantes. El apóstol Pablo irrumpe con el tema y dice que no hay don más importante que el amor, invalida una vida llena de dones pero carentes de amor y compasión, considera que una comunidad sin amor, nada es, no es comunidad, no es iglesia, pues no tiene lo esencial de ser iglesia: amar.

Primero, debo decir que no todas las veces que se habla de iglesias se refiere a una institución, posiblemente no se trate de toda la comunidad, sino de personas en específico, que carecen de esa esencia cristiana: el amor. Pero, ¿qué es una iglesia sin amor? ¿Por qué una iglesia sin amor tiene este defecto? Una iglesia sin amor o una iglesia que no ama, es una que posee muchos talentos y dones, pero sobre todo, tiene el don de la elocuencia, está llena de discursos, llena de palabras, utiliza cada vez más una alocución larga o incomprensible, llena de palabras en griego o hebreo, resucitando doctrinas medievalistas y con algunas ideas anacrónicas que expresan un mensaje, pero uno que discrimina muchos y acepta pocos. La gente que lidera, posee una capacidad para expresar «ese mensaje», pues su fluidez verbal y su constrúcto sintáctico, mueve masas y acalora las mismas. 
La iglesia sin amor tiene muchos servicios de predicación, congresos, seminarios y hasta institutos bíblicos, ese no es su problema, conoce mucha doctrina y le llama «sana», pero su mensaje carece del sentido del evangelio: el amor. Algunas de estas Iglesias sin amor, se sienten como poseedoras de Dios, ya que se llaman a sí mismas: La iglesia verdadera, pues sus propósitos son la renovación del poder de la iglesia, pero no de su mensaje de fondo. 
Los dones se manifiestan con mucha eventualidad, de hecho, en algunas, la glosolalia (don de lenguas) es parte de sus mayores regalos, de tal forma que hasta diversos intérpretes saltan a la vista para dar la «palabra del señor», algunos no necesitan vociferar el mensaje, se te acercan a tus oídos y te dicen: «así dice el señor…» pero vas a mirar aquel  mensaje y te das cuenta de lo alejado que está de la realidad de quienes lo escuchan, posiblemente lo que necesitaban no era un mensaje de exhortación y confrontación, sino de esperanza, consuelo y amor. No, no nos confundamos, decirles a las personas su futuro no es darles aliento, algunas veces es llenarlas de ansiedad, temor y posible fracaso o decepción si «Dios» no llegase a «cumplir», entonces si, algunos son mensajes llenos de falsas esperanzas o de condenación hacia las personas, aspectos que son lamentables. Si, la iglesia de corinto era una iglesia carismática, como la de ahora, llena de diversos dones, pero carentes de las necesidades reales de las personas que les seguían. 
No lo niego, la gente llega a sentirse muy cómoda en ella, porque a muchos nos encanta que nos «digan» que hacer, que quiere Dios de nosotros y cuál va a ser nuestro destino. Una iglesia sin amor, siempre tiene una palabra, siempre tiene algo que decir, aún en el mayor dolor del otro(a), justificando a Dios, diciendo que Dios lo permitió por aquello o por esto, cuando ni el mismo Jesús se justificó frente a la tumba de su mejor amigo, solo lloró desconsoladamente por amor. Estas comunidades se pueden identificar fácilmente porque siempre hay alguien profetizando o queriendo hablar en nombre de Dios, posiblemente las lenguas ni siquiera son angelicales, son bien humanas, porque ante cada palabra lo único que hacen es daño, juzgando, señalando o levantando falso testimonio contra el/la otro(a), todo porque conocen y anteponen bien la doctrina correcta, pero nunca la práctica necesaria: amar.
Es una iglesia que cree que entiende el mensaje de Jesús, vive predicándolo, pero en esencia no sabe comunicarse y, no lo sabe porque cree que siempre debe ser la emisora, nunca la receptora. No sabe amar porque no sabe escuchar, no entiende las realidades de las otras personas porque cree que lo que tiene que decir es más importante que lo debe escuchar del otro.
Estratifica los dones, cree que unos son más importantes que otros e idolatra a quienes usan, según ellos,  los mejores dones. Es esa que tiene el carisma, pero le falta carácter, tiene fondo, pero le falta contenido. Se considera diferente, sólida, pero dentro de sí está hueca; Son aquellos que viven mostrándose, tienen un buen plan de marketing, utilizan las redes y trabajan con planes estructurados de iglecrecimiento, pero cuando te das cuenta, no son más que eso, publicidad, panfletos y nada de consideración con el otro. No quieren crecer para ayudar a la mayor cantidad de personas, solo para exaltar el trabajo de unos que posiblemente son los que menos trabajaron. Quieren las masas para adornar su ego, poder y reconocimiento. 
La iglesia necesita demostrar amor al escuchar más y al hablar menos, al no pretender tener la palabra sana o correcta en vez del abrazo y la compañía necesaria. Algunas veces la iglesia quiere mostrarse de forma repetida con cultos, predicaciones, evangelismos explosivos o cultos espectacularistas de sanidad y milagros, marchas a favor de la familia, gritando en plazas, centro comerciales o en lugares políticamente representativos cuando posiblemente lo que más necesita es amor, y hay sectores minoritarios que no, no interpretan las acciones de la iglesia como amor cuando esta decide tener la razón porque sí. Hemos errado al creer que predicar es hablar, algunas veces Jesús habló más del reino de Dios en el silencio de una mano extendida que en la reunión de miles o cientos. No hay mayor fuerza en el mensaje de Jesús que cuando transmitía amor a quienes más lo necesitaban, sus acciones hablaban más que sus sermones y eso es que lo que debería caracterizar a la iglesia: aprender a comunicar el amor con las acciones. De nada vale un mensaje bien estructurado, una reflexión elocuente o tener los versículos necesarios aprendidos para responder en defensa de mi fe, si la persona que habla no ama a sus oyentes. 



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